Cuántas leyendas se podrían contar acerca del origen del Santuario de Guadalupe. Desde antes de la venida de los frailes españoles
a estas tierras, nuestros antepasados tenían en Tianquismanalco, donde reinaba el Telpochtli, el mancebo Texcatlipoca, pero con la
evangelización se colocó en su lugar a San Juan Bautista. En la morada de Toci “nuestra abuela”, se colocó a Santa Ana, en
Chiautempan, estado de Tlaxcala, y en Tepeaquilla, donde se adoraba a Tonantzin, se colocó a la Virgen de Guadalupe a partir de la
aparición al indio macehual Juan Diego. A esta virgen se le conoció con el nombre de Tequantlaxopeuh, “la que ahuyenta a los que
comen como fieras”, quizá por aquello de los sacrificios que se llevaban a cabo desde que Huitzilopochtli mandó fabricar a la diosea de
maíz, Tonantzin, la de las dos caras, dos bocas grandes y ojos enormes. Esta divinidad daba origen a un ritual que comenzaba por el
disfraz en representación de ella, desde luego con dos máscaras coronadas con papel almenado como lo representó don Lorenzo
Boturini, y con los ojos tapados se buscaba, y una vez atrapada, la repartían entre todos y la comían, pues estaba hecha de
semillas.
Sahagún decía: Al mes décimo séptimo llamaban Tititl. En éste hacían fiesta a una diosa que llamaban Tititl.En este hacían fiesta a una
diosa que llamaban Tlamateculli, y por otro nombre Tona, y por otro Coscamiauh; a honra de esta diosa mataban una mujer, y de que
la habían sacado el corazón, cortaban la cabeza y hacían areyto con ella. El que iba adelante llevaba la cabeza por los cabellos en la
mano derecha, haciendo sus ademanes de baile.
“A esta mujer que mataban a esta fiesta, componíanla con los atavíos de aquella diosa, cuya imagen tenía, que se llamaba Ylamatecutli,
y por otro nombre Tona, que quiere decir nuestra madre.
Esta mujer compuesta así como los atavíos, que están puestos en la historia, bailaba sola, hacíanle el son unos viejos, bailando
suspiraba y lloraba acordándose que había de morir. Pasando el mediodía, componíanse los sátrapas con los ornamentos de todos
los dioses, e iban delante de ella, y subíanla al Cu donde había de morir. Echada sobre el tajón de piedra sacábanle el corazón,
y cortábanle la cabeza; tomaba uno luego de aquellos que iba adornado como dios, delantero de todos, y llevándola de los
cabellos hacían areyto con ella : guiaba el que la llevaba en la mano derecha, y hacía sus ademanes de baile con ella.
Hay quien asegura que el cu para la celebración de este ritual, estaba en lo que es ahora la Capilla del Cerrito, posiblemente sea
el antecedente más remoto de los bailes de los danzantes que año tras año ocurren al Tepeyac con sus bellos trajes y danzas
prehispánicas propias de su región.
Horacio Sentíes R.






















































